COMPORTAMIENTO TERMICO Y BIOCLIMATICO DEL BLOQUE DE TIERRA COMPRIMIDO (BTC)



A lo largo de la historia, la arquitectura ha venido desarrollándose sin preocuparse por la preservación del planeta. La primera crisis mundial de la energía, en los años setentas genera una primera alerta y nacen a partir de ese momento los primeros laboratorios especializados en el estudio de la eficiencia energética. Durante los años posteriores, se generaliza una conciencia colectiva alrededor de la ecología, concepto que promulga la conservación de los recursos naturales. A la luz de la existencia de graves problemas ambientales a nivel mundial que atentan contra la misma supervivencia y el bienestar común, se reúne la primera Cumbre Mundial Ambiental de Río de Janeiro. Allí nace el concepto de sostenibilidad. El desarrollo de la humanidad ha de producirse garantizando la salud del planeta en miras de garantizar el bienestar de las presentes y futuras generaciones.


Arquitectura Sostenible

Busca perdurar en el tiempo y permitir el crecimiento y la evolución de los proyectos, al mismo tiempo que se inscribe de manera armónica al medio ambiente y al clima, generando importantes beneficios ambientales al producir la eficiencia energética de los proyectos y la conservación de los recursos naturales.

 





 
La eficiencia energética o el uso óptimo de este recurso se logra mediante la aplicación de estrategias bioclimáticas que buscan lograr las mejores condiciones interiores de confort de las construcciones sin recurrir al uso de sistemas de climatización artificial. La conservación de los recursos naturales se produce mediante dispositivos y políticas propias a la filosofía del reciclaje.
El bloque de tierra comprimido ( BTC) se caracteriza por ser un material ambientalmente amigable, en su proceso de fabricación y transporte no se invierte prácticamente energía, es reciclable y térmicamente muy adaptable a nuestras condiciones climáticas. Nuestra arquitectura vernácula siempre ha sabido utilizar con sabiduría la tierra cruda para adaptar las construcciones al clima y generar las mejores condiciones interiores de temperatura. El bloque de suelo cemento conserva las mismas características termo físicas mejorando sus capacidades estructurales y de resistencia a la inclemencia de los factores climáticos.

 








 

La inercia térmica de este material o la capacidad de almacenar energía dentro de su estructura para restituirla mas tarde, lo hace propicio para ser utilizado con éxito en diferentes condiciones climáticas. En las tierras frías un muro de 30 centímetros de espesor con un peso de 400 Kg. /m2, tiene la capacidad de producir un desfasaje térmico de 10 horas. Algunas horas después vez que se oculta el sol, los muros empiezan a restituir el calor que se han ganado durante el día. Este proceso dura 10 horas y garantizan agradables temperaturas al interior del proyecto. Por otra parte, su bajo coeficiente de transmisión térmica, K= 0.81 wm2ºC, lo hacen de cierta manera térmicamente aislante y evita que el calor acumulado al interior se pierda fácilmente a través de los muros.

En la medida en que los climas se hacen más calidos debemos entonces aprovechar estas características benévolas del bloque de suelo cemento, reduciendo el espesor de los muros para reducir la capacidad de restitución de la inercia del material. Un muro de un espesor de 14 centímetros, con un peso de 195 Kg. /m2 y un coeficiente térmico de 1.04 wm2ºC, tiene un tiempo de restitución menor asegurando las condiciones de confort durante las horas frescas del amanecer. En las tierras calientes debemos utilizar construcciones de baja inercia térmica con un corto tiempo de restitución y asegurar noches frescas. Han de utilizarse entonces bloques de suelo cemento huecos de baja densidad y cuyo coeficiente de transmisión los convierten en elementos aislantes que nos protegen de la inclemencia del sol durante el día.

 








 

Por otra parte, las construcciones elaboradas con bloques de tierra comprimido (BTC) presentan un buen comportamiento acústico pues garantizan una reducción de los niveles de la presión sonora de 40 decibeles con un muro de un espesor de 20 centímetros.

Estas características térmicas sumadas a las acústicas y a las ambientalmente amigables hacen de este elemento el material idóneo para garantizar la sostenibilidad de cualquier proyecto de arquitectura y lo proyectan como uno de los materiales que serán intensivamente utilizados en un futuro cercano.

 
 
 
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